Alexandra Leclerc deslumbró en el Gran Premio de España con el vestido-periódico de Dior
En la parrilla de salida del Gran Premio de España no solo rugieron motores. También reapareció un icono.
Alexandra Leclerc, esposa del piloto de Fórmula 1 Charles Leclerc, convirtió el paddock en pasarela al recuperar uno de los vestidos más célebres de la moda reciente: el vestido-periódico de Christian Dior diseñado por John Galliano para la colección Otoño/Invierno 2000. Una pieza con historia, polémica y culto pop a sus espaldas.
Del armario de Carrie Bradshaw al box de Ferrari
El vestido saltó definitivamente a la cultura popular cuando Sarah Jessica Parker lo llevó como Carrie Bradshaw en la tercera temporada de Sex and the City, y más tarde en la película Sex and the City 2. Desde entonces, dejó de ser solo una prenda de pasarela para convertirse en símbolo de una época: atrevida, urbana, descarada.
Veintiséis años después de su debut, el diseño volvió a escena en un escenario inesperado: las gradas y el paddock del Gran Premio de España en Madrid. Alexandra, de 26 años e influencer, embarazada de su primer hijo con el piloto de Ferrari, apostó por la versión mini del vestido, fiel al espíritu original.
Las fotos del día la muestran llegando al circuito acompañada de su perro Leo, convertido casi en coprotagonista, con el vestido de Dior como pieza central del look. Lo completó con un bolso a juego, sandalias negras de tacón abierto y gafas de sol oscuras, reforzando esa mezcla de glamour de alfombra roja y frescura de calle que hizo famoso el diseño.
Un vestido con pasado incómodo
Detrás del encanto televisivo, la pieza arrastra un origen polémico. Según recordó CNN, el vestido formó parte de la llamada colección Hobo de Galliano, inspirada tanto en personas sin hogar que el diseñador veía mientras corría como en el inquietante fenómeno del “Tramp Ball” de las décadas de 1920 y 1930, cuando las élites organizaban fiestas de lujo disfrazadas de indigentes.
Ese trasfondo generó críticas en su momento, aunque el paso del tiempo y su exposición en Sex and the City terminaron por consagrarlo como objeto de culto. En 2025, Jenna Ortega lo rescató en la alfombra roja del estreno de Hurry Up Tomorrow, confirmando que el diseño de Galliano seguía vivo en el imaginario de una nueva generación.
Ahora, Alexandra lo traslada a un universo distinto: el de la Fórmula 1, donde la estética de las WAGs se ha convertido en un relato paralelo a la batalla en pista.
La F1 como pasarela personal
El Gran Premio de España no fue un caso aislado, sino el último capítulo de una sucesión de apariciones cuidadas al milímetro. Con la temporada de F1 acelerando, Alexandra parece decidida a convertir cada fin de semana de carrera en una entrega de estilo, también en clave premamá.
En los entrenamientos libres del viernes 4 de septiembre, en el Autodromo Nazionale Monza, en el norte de Italia, ya había marcado tendencia: un vestido negro con aberturas tipo keyhole, lunares blancos y escote halter con lazo, acompañado de sus inseparables gafas negras de montura pequeña y el pelo recogido en un moño tirante. Un look pulido, gráfico, pensado para la cámara.
Al día siguiente, cambió de registro sin abandonar el negro: vestido hasta la rodilla, escote halter pronunciado, kitten heels oscuros y, de nuevo, gafas diminutas. Un uniforme reconocible, casi una firma.
De musa de paddock a rostro de belleza
Ese ojo para el detalle no ha pasado desapercibido en la industria. Su estilo viral llamó la atención de Hailey Bieber, cuyo sello de belleza, Rhode, la eligió como primera “muse-ambassador”, según recogió Vogue. De ahí nació una colaboración propia con la marca, respaldada por una filosofía clara que la propia Alexandra resumió para la revista: le interesa un maquillaje que se vea y se sienta como piel.
Entre boxes, focos y cámaras, Alexandra Leclerc ha encontrado un espacio propio. Mientras los monoplazas buscan milésimas en cada curva, ella aprovecha cada recta del calendario para demostrar que, en la F1 moderna, la batalla por el estilo también se corre a toda velocidad.




