Antonelli domina en Madrid, Lawson logra otro sexto y Norris sufre
El nuevo Madring amaneció como una incógnita y anoche se marchó con un veredicto claro: Kimi Antonelli domina el Mundial, Lando Norris perdió una carrera que tenía en la mano y Liam Lawson sigue llamando a la puerta de la élite.
El piloto neozelandés, de 24 años, volvió a exprimir cada vuelta y terminó sexto tras salir octavo, igualando su mejor resultado de la temporada 2026. Ya había sido sexto en Mónaco y en Silverstone; Madrid confirma que su techo empieza a elevarse de forma peligrosa para sus rivales directos en la zona media.
En cabeza, la historia fue mucho más cruel.
Antonelli aprovecha el golpe de suerte
La Fórmula 1 regresaba a la región de Madrid 45 años después, con un trazado nuevo, urbano y estrecho, que dejaba claro desde la vuelta de formación que adelantar iba a ser un lujo. El arranque, por tanto, valía oro.
Antonelli se lanzó sobre Norris en la primera curva, lo adelantó recortando la trazada para evitar el contacto y, casi al mismo tiempo, entendió que iba demasiado lejos: tuvo que devolver la posición. Un aviso de lo que venía. Max Verstappen también probó suerte y superó a Lewis Hamilton yendo fuera de pista, pero el neerlandés recibió la misma medicina: devolver la plaza.
La carrera parecía estabilizarse. Norris controlaba, Antonelli esperaba, Verstappen calculaba. El Madring, con pocas oportunidades claras de adelantamiento, convertía la estrategia en un arma definitiva.
El giro llegó en la vuelta 15.
El Aston Martin de Lance Stroll se quedó parado en pista por un problema de frenos. Dirección de carrera activó el coche de seguridad virtual. Y ahí se decidió el Gran Premio.
Antonelli, atento, se lanzó al pit lane. Norris, no. Ya había pasado la entrada cuando se anunció el VSC. La ventana se cerró en cuestión de segundos. El italiano paró, cambió neumáticos y regresó por delante del McLaren. Charles Leclerc eligió un camino distinto: se quedó en pista y heredó el liderato con una estrategia alternativa.
Cuando Norris entró una vuelta más tarde, el VSC ya había terminado. Pagó el precio doble: perdió el tiempo extra al rodar en velocidad de carrera y, además, sufrió una parada más lenta de lo normal por un problema en la rueda delantera derecha. Salió quinto. La victoria se le escapaba sin que hubiera cometido un solo error de pilotaje.
Antonelli, desde ese momento, manejó la prueba con una frialdad impropia de su edad. Venía de ganar en casa, en el GP de Italia, remontando. En Madrid no necesitó épica, solo precisión. Fue su octavo triunfo del año y amplió su ventaja en el campeonato hasta los 81 puntos sobre su compañero George Russell, quinto en la meta, con nueve carreras por disputarse.
El propio italiano, nada más cruzar la meta, reconoció por radio que el golpe de fortuna con el VSC había sido decisivo y que Norris merecía más. Pero los puntos se quedan en su bolsillo y el Mundial, también.
Norris, de carrera perfecta a castigo máximo
Norris terminó tercero, por detrás de Verstappen, pero su gesto en el podio lo decía todo. Se sintió “insanely unlucky” con el coche de seguridad virtual. Fue el único de los de arriba que no pudo aprovechar la ventana de paradas.
Había hecho todo bien. Pole, buena salida, ritmo sólido, sin errores. El castigo fue despiadado. Cuando volvió a pista tras su parada tardía, se encontró atrapado en un tren imposible de romper en un circuito donde adelantar era casi una quimera.
Aun así, apretó hasta el final. Pero el botín, comparado con lo que había en juego, fue mínimo. Una carrera que se le escapó no por manos, sino por segundos y por una decisión estratégica de McLaren que quedará bajo la lupa.
Verstappen, mientras tanto, hizo lo que suele hacer cuando no tiene el coche más dominante: sumar fuerte. Segundo, sin brillo especial, pero con la solidez que mantiene a Red Bull en la pelea domingo tras domingo.
Leclerc paga la apuesta, Hamilton se hunde
Leclerc fue el otro gran protagonista táctico. Al no parar bajo el VSC, el monegasco tomó la cabeza de carrera y gestionó durante buena parte del Gran Premio con aire limpio. Parecía una jugada maestra si el desgaste de neumáticos le respetaba.
No fue así.
Con la obligación reglamentaria de cambiar de compuesto, Ferrari tuvo que llamarlo tarde a boxes. Perdió el liderato y regresó a pista sin margen para atacar a los de delante. Terminó cuarto, con la sensación de haber liderado mucho para llevarse poco.
El domingo de su compañero fue todavía peor. Hamilton solo duró siete vueltas. Problemas de frenos, aviso por radio, retirada. Otro golpe tras un fin de semana complicado en Italia, donde apenas pudo ser sexto después de un toque temprano con Leclerc. Para un siete veces campeón del mundo, la racha empieza a incomodar.
Lawson, otro sexto que ya no sorprende
En medio del ruido por el título y las estrategias fallidas, la actuación de Liam Lawson se coló como una de las notas más sólidas del día. Partía octavo, terminó sexto. Limpio, constante, sin errores visibles en un circuito que no perdonaba salidas de trazada.
El resultado no es aislado. Ya había terminado sexto en Mónaco y en el GP de Gran Bretaña. Repetir posición en un trazado nuevo, con tan pocas oportunidades de adelantar y con la carrera bloqueada durante largos tramos, subraya su capacidad para maximizar lo que tiene entre manos.
No deslumbra con adelantamientos imposibles, pero convierte cada domingo en una declaración de intenciones: si el coche se lo permite, estará ahí. Y en una parrilla donde los asientos se deciden por detalles, esa regularidad empieza a pesar.
España, entre la fiesta y la polémica
El regreso de la Fórmula 1 a Madrid, 45 años después de Jarama 1981, fue un espectáculo masivo. Los organizadores estimaron cerca de 350.000 espectadores a lo largo del fin de semana. En las gradas, ruido, color y hasta la presencia del rey Felipe VI para subrayar la dimensión del evento.
En pista, sin embargo, el público local tuvo poco que celebrar. Fernando Alonso y Carlos Sainz salían desde atrás y su carrera se torció casi de inmediato. Se tocaron en las primeras vueltas. Alonso acusó por radio a Sainz de haberlo “apretado contra el muro” y recordó también el arranque agresivo del madrileño, que había chocado con otros pilotos.
Sainz recibió una sanción de cinco segundos por el incidente con Alonso y terminó abandonando por un problema en el coche. Un Gran Premio de casa para olvidar para los dos únicos españoles de la parrilla.
Fuera del circuito, el ambiente no fue tan unánime. Horas antes de la salida, varios centenares de vecinos del norte de Madrid se manifestaron contra el regreso de la F1. Camisetas amarillas, pancartas de “Stop Formula 1 in Madrid” y quejas por el ruido, los cortes de tráfico y el impacto ambiental de un evento que tiene contrato por diez años en la capital.
Entre la euforia del paddock y el malestar de parte de la ciudad, el Madring se estrena como escenario de un Mundial que ya tiene un patrón claro: Antonelli manda, Norris persigue, Verstappen acecha… y, desde un discreto sexto puesto, Lawson insiste en que todavía no hemos visto su techo.




