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Ferrari y Mercedes brillan en Monza

El viernes de Monza dejó un mensaje claro: el templo de la velocidad ha elegido ya a sus protagonistas para un fin de semana que puede marcar el rumbo del título.

Ferrari se aferra a su nuevo corazón

En Ferrari, cada inicio de Gran Premio de Italia es un examen emocional. Este año, además, es una prueba técnica: el segundo paquete de actualización ADUO del motor era el gran tema antes de que los coches pisaran el asfalto. Y las primeras vueltas han dado oxígeno a Maranello.

Charles Leclerc terminó segundo en la FP2, a solo 0,120s del mejor tiempo de George Russell, y con un ritmo de tanda larga muy competitivo. Sobre el papel suena fantástico. En los detalles, aún más: lo hizo con neumáticos blandos Pirelli frente a los compuestos duros que montaban los Mercedes… y también el rapidísimo Red Bull de Liam Lawson.

Es viernes, y el calendario de la Fórmula 1 está repleto de viernes engañosos. Pero Monza es un circuito que desnuda motores. Si hay déficit de potencia, aquí se ve. Por eso en Ferrari no esperaban un milagro, sino recortar la desventaja. De momento, lo han conseguido. El nuevo motor no borra el problema, pero lo reduce. Y eso, para los Tifosi, ya es una razón legítima para creer que este fin de semana puede ser algo más que una fiesta de costumbre.

Honda, al otro extremo de la tabla

Mientras Ferrari se asoma a la parte alta, Honda mira con gesto serio los tiempos. Fernando Alonso ya avisó el jueves: Monza sería una prueba más real del nuevo motor que su estreno en Zandvoort. Tenía razón. Y la foto inicial no es amable.

En el circuito donde la potencia manda sin matices, los coches con motor Honda se han hundido. Alonso y Lance Stroll han acabado en la zona baja de la clasificación, rodeando a los Cadillac y a más de un segundo por vuelta del siguiente coche más lento, si se deja al margen el Haas de Esteban Ocon.

Shintaro Orihara, responsable de Honda en pista, había pedido realismo y anticipado un fin de semana “desafiante” para la unidad de potencia. El viernes confirmó sus temores. Monza no perdona a quien llega corto de caballos, y hoy la tabla de tiempos lo gritó con crudeza.

Russell se adueña del viernes

El otro gran foco del día estaba en Mercedes. Kimi Antonelli llega como líder del campeonato, primer italiano en hacerlo en su carrera de casa en más de 70 años, pero con una penalización en parrilla que lo condiciona desde el inicio. Eso abre una ventana enorme para George Russell. Y el británico no la ha dejado pasar.

El jueves hablaba con cautela: no se atrevía a llamarse favorito, aunque reconocía que este circuito, menos exigente con el chasis y más con el motor, podía acercar a Mercedes a la cima. Veinticuatro horas después, la pista le dio la razón. Tras ceder tres décimas ante Ferrari en la FP1, Russell reaccionó con autoridad en la FP2 y firmó el mejor tiempo, con Leclerc a esas 0,120s.

Monza, con sus largas rectas y frenadas violentas, se adapta como un guante al concepto del Mercedes actual. Y Russell, además, sabe que en la Q3 del sábado contará con un aliado de lujo: el propio Antonelli, obligado a pensar más en ayudar al equipo que en su propia parrilla. Todo esto con un matiz importante: el motor Mercedes de Russell acumula ya kilómetros y desgaste, mientras Ferrari estrena evolución. Pero el viernes, el que marcó el ritmo fue él. Y en un campeonato tan apretado, empezar así un fin de semana puede cambiar una temporada.

Red Bull, atrapado en su propio laberinto

En el otro extremo del garaje de la élite, Red Bull sigue buscando respuestas. El anuncio de la renovación de Max Verstappen llegó acompañado de optimismo y discursos de reconstrucción. La realidad en pista, desde entonces, ha sido áspera.

El balance reciente es incómodo: sexto en el sprint de Zandvoort, accidente en el Gran Premio de Países Bajos, y ahora un viernes en Monza plagado de quejas del neerlandés. Falta de carga aerodinámica que obligó a cambiar el alerón, escaso agarre en curvas lentas, frenos poco fiables, el coche “saltando” sobre el eje delantero… un catálogo de problemas que no encaja con la imagen de un equipo acostumbrado a la perfección.

Los tiempos lo reflejan: Red Bull se ha quedado en zona media, lejos de los puestos de referencia. Para aspirar a algo más que puntos discretos, Verstappen tendrá que volver a tirar de ese repertorio de genialidades que le ha salvado más de una vez. Esta vez, quizá, solo para sacar al coche del pelotón y evitar que Monza se convierta en otro capítulo gris.

Bearman enciende a Haas

En Haas, el viernes tenía un protagonista claro: Ollie Bearman. El equipo ha estrenado su mayor paquete de mejoras de la temporada 2026, y lo ha montado al completo solo en el coche del británico, acompañado por la nueva especificación de motor Ferrari. El resultado fue un octavo puesto en la FP2, a apenas 0,8s del tiempo de Russell y solo 0,02s por detrás del Racing Bulls de Arvid Lindblad.

Bearman no escondió su alivio. Habló del “mejor viernes desde marzo” y de un impulso moral que el equipo necesitaba con urgencia. Las sensaciones en el coche lo respaldan: más carga en curva, más confianza para atacar, un monoplaza que por fin responde a lo que el piloto le pide.

Hay matices. El propio Bearman admitió que el coche es algo más draggy que el de sus rivales, un peaje aerodinámico que en Monza se paga caro en las rectas. Y recordó que el sábado será un juego de rebufos y posición en pista, donde un error de coordinación puede arruinar una vuelta. Pero el salto es real.

Hoagy Nidd, jefe de ingeniería de chasis en Haas, lo definió sin rodeos: “Es una mejora enorme. Hemos actualizado todo el chasis, prácticamente toda la carrocería desde el cockpit hacia atrás”. Sus palabras encajan con la sensación general del equipo: uno de los viernes más sólidos del año, justo cuando más falta hacía, tras seis Grandes Premios consecutivos sin puntos.

Ocon, la otra cara de Haas

No todos en Haas salieron del viernes con una sonrisa. Esteban Ocon dispone del nuevo paquete aerodinámico, pero no del motor Ferrari actualizado, debido a las particularidades del reglamento de homologación de unidades de potencia. El francés cerró la FP2 a más de un segundo de Bearman.

Desde el muro, Nidd intentó rebajar la lectura más cruda de los tiempos: el motor no explica por sí solo la brecha interna, y Ocon no tuvo la mejor secuencia de vueltas para explotar el potencial del coche. El tráfico en los intentos de clasificación, un clásico de Monza, terminó de arruinar sus opciones de aparecer más arriba.

La foto del viernes, sin embargo, es clara: Bearman se coloca como punta de lanza de Haas en un fin de semana clave, mientras Ocon tendrá que remar a contracorriente si quiere sumarse a la pelea por los puntos.

Entre motores nuevos que ilusionan, otros que se quedan cortos y un líder del campeonato obligado a remontar desde atrás, Monza ha encendido ya la mecha. El viernes solo ha sido el prólogo. La verdadera pregunta es quién se atreverá a sostener este ritmo cuando llegue el momento de la verdad el domingo, con el título en juego y la recta principal del Autodromo rugiendo a pleno pulmón.