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Gasly logra la primera pole de Alpine en Monza

Pierre Gasly volvió a encontrar la magia en Monza. Cuatro años después de su inolvidable victoria en este mismo escenario, el francés firmó la primera pole position de su carrera en Fórmula 1 y la primera de Alpine, en una clasificación tensa, eléctrica y con un desenlace de los que cambian narrativas.

No fue una pole heredada por sanciones, ni producto del caos estratégico. Fue a puro ritmo. Gasly paró el cronómetro en 1m21.786s y dejó al Mercedes de George Russell a seis centésimas. Oscar Piastri, con McLaren, completó el trío de cabeza. Detrás, Charles Leclerc y Lewis Hamilton, cuarto y quinto, observaron cómo un coche que no ha estado en la pelea todo el año se adueñaba del templo de la velocidad.

Lando Norris, campeón del mundo en título, sólo pudo ser noveno tras una última vuelta arruinada por un error ajeno.

Una pole contra el libreto

Monza suele premiar a los grandes motores y a las estructuras más afinadas. Nada de eso apuntaba hacia Alpine. El equipo francés llega a Italia sexto en el campeonato, con Gasly apenas décimo en la clasificación de pilotos. Pero el francés se sintió cómodo desde los primeros libres, siempre cerca de los tiempos de referencia, siempre en la ventana buena.

La Q3 se convirtió en una partida de ajedrez a 340 km/h. El rebufo, oro puro en este trazado de baja carga aerodinámica, se planificó al milímetro.

Mercedes sacrificó a su hombre fuerte del año, Kimi Antonelli, para lanzar a Russell. El italiano, líder del campeonato, salió a pista para dar la aspiración a su compañero, como estaba previsto. McLaren copió el guion: Norris tirando de Piastri. En Ferrari, Leclerc se encargó de abrirle hueco a Hamilton.

En la primera tanda de vueltas rápidas, Russell clavó un 1m21.929s que parecía un golpe de autoridad. Piastri se colocó detrás, mientras Gasly, silencioso pero incisivo, se metía tercero. Los cuatro primeros quedaban encerrados en siete centésimas. Un suspiro.

Quedaba el duelo final.

El giro decisivo

En la última salida, Mercedes volvió a jugar la carta del rebufo. Primero soltó a Antonelli en pista, solo, para después utilizarlo de nuevo como referencia para Russell. Ferrari repitió la maniobra con Leclerc y Hamilton. McLaren intentó la misma fórmula con Piastri y Norris.

Ahí se rompió el guion. Piastri se pasó de frenada en la primera chicane y arruinó la vuelta de Norris. El campeón del mundo se quedó sin opción real de luchar por la pole en un circuito que, sobre el papel, debía favorecer a McLaren.

Russell, en cambio, exprimió al máximo la ayuda de Antonelli. Su vuelta olía a pole. Sector tras sector, el británico fue mejorando referencias y, por unos instantes, el garaje de Mercedes se vio celebrando la salida desde el primer cajón.

Entonces apareció Gasly.

El francés se enganchó al aire sucio del Mercedes, lo aprovechó hasta la última recta y bordó los puntos de frenada. Sin margen de error, sin reservas. Cruzó meta y el cronómetro dictó sentencia: seis centésimas a favor de Alpine. Un golpe sobre la mesa que heló el ambiente en Mercedes y desató la euforia en un equipo acostumbrado este año a mirar hacia arriba desde lejos.

Antonelli, séptimo… y al fondo de la parrilla

Entre las piezas clave del rompecabezas del domingo aparece Kimi Antonelli. El joven italiano, líder del campeonato, terminó séptimo en la clasificación, pero saldrá desde la última fila tras montar un paquete completo de nuevos componentes de motor.

Mercedes eligió Monza para la penalización por una razón evidente: aquí se adelanta. Y mucho. En el equipo calculan que Antonelli podría escalar hasta la quinta posición si la carrera se desarrolla sin sobresaltos graves. Mientras tanto, Russell ve abierta una oportunidad de oro para recortar parte de los 59 puntos que le separan de su compañero. Lo mismo persigue Hamilton, también a 59 del líder.

La gestión de esa remontada, y cuánto tiempo tarde Antonelli en abrirse paso entre el tráfico, puede condicionar por completo la lucha por la victoria y el podio. Gasly, con dos Mercedes al acecho y un McLaren muy cerca, necesitará una salida perfecta y un Alpine sin fisuras.

Un fin de semana encendido fuera de la pista

La pole de Gasly no llega en un vacío. Se produce tras un arranque de fin de semana marcado por la polémica institucional y un duro cruce de declaraciones.

Antes de la clasificación, el Tribunal Internacional de Apelación (ICA) emitió un comunicado contundente en respuesta a las acusaciones de Flavio Briatore, asesor ejecutivo y, en la práctica, jefe de equipo de Alpine. El italiano había insinuado el viernes que uno de los jueces que revocaron el tercer puesto de Gasly en el GP de Mónaco mostraba un sesgo a favor de McLaren, escudería que había recurrido el resultado ante el ICA.

Briatore llegó a describir a ese juez, al que mencionó por nombre, como un “fiscal” y cuestionó su imparcialidad, asegurando que estaba “muy vinculado con McLaren”. Las palabras encendieron el paddock. Andrea Stella, director de McLaren, calificó las insinuaciones de “insultantes” para su equipo.

El ICA respondió recordando que Alpine tuvo la oportunidad de objetar la composición del tribunal y no lo hizo. Subrayó que, al inicio y al final de la audiencia, las partes fueron invitadas a plantear cualquier duda sobre el procedimiento o los jueces, y que nadie elevó protesta alguna.

El comunicado recalcó que los jueces se nombran siguiendo los procedimientos judiciales de la FIA y las prácticas habituales, inspiradas en estándares como las directrices de la International Bar Association sobre conflictos de interés en arbitraje internacional. Todos los miembros de estos tribunales, añadió, están sujetos a estrictos requisitos de independencia y confidencialidad, presentan declaraciones anuales de intereses y firman una declaración específica de independencia para cada caso, que se comunica a las partes implicadas.

En ese contexto, la pole de Gasly adquiere un matiz extra. No sólo es un resultado deportivo brillante; también funciona como respuesta en pista en medio de un clima enrarecido alrededor de Alpine.

Monza, otra vez Gasly

El francés ya sabía lo que era tocar el cielo en este circuito. En 2020, ganó aquí su única carrera en Fórmula 1, en una prueba marcada por un coche de seguridad, una parada en boxes perfecta y una sanción a Hamilton. Aquella victoria siempre llevó el asterisco de lo inesperado.

Esta vez no hay asteriscos. La vuelta que le da la pole en Monza llega sin ayudas externas, sin sanciones ajenas, sin lotería estratégica. Es mérito puro.

Convertirla en victoria será otra historia. Con dos Mercedes armados para carrera, un McLaren con hambre y un pelotón dispuesto a aprovechar cualquier resquicio, Gasly tendrá que defenderse como nunca. Pero salir desde el primer puesto, en el templo de la velocidad y en un año complicado para Alpine, ya cambia el tono de su temporada.

La clasificación ha derribado el libreto previsto. Falta por ver si la carrera confirma la sorpresa o devuelve el poder a los gigantes. Monza, una vez más, tiene la última palabra.