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Lewis Hamilton y su sueño de ganar en Monza con Ferrari

Lewis Hamilton llega a Monza con una idea fija en la cabeza. No es solo ganar. Es ganar con Ferrari, en casa de Ferrari, delante del mar rojo de los tifosi, y hacerlo en el templo donde se escribieron algunas de las páginas más grandes de la Fórmula 1. Para un piloto obsesionado con la historia, el escenario no puede ser más potente.

El siete veces campeón del mundo, que ya se ha estrenado como vencedor con la Scuderia esta temporada, aterriza en el Gran Premio de Italia con un coche competitivo y un contexto muy distinto al del año pasado, cuando su desembarco en Maranello estuvo lleno de dudas, ruido y frustración en pista. Ahora, el relato ha cambiado: Ferrari trae a Monza su segunda actualización de motor con la intención declarada de recortar la diferencia con los líderes del campeonato, Mercedes.

En la clasificación general, Hamilton persigue a Kimi Antonelli, actual líder, con una desventaja de 59 puntos, la misma que arrastra también George Russell. La montaña es alta, pero Monza ofrece algo más que puntos: ofrece legado.

El récord de Schumacher, a tiro… y con Ferrari

Si Hamilton gana el domingo, superará a Michael Schumacher como el piloto con más triunfos en Monza. Ahora mismo comparten cinco victorias cada uno en el Autódromo Nazionale. Las del alemán llegaron todas vestido de rojo. El inglés podría firmar la sexta con ese mismo rojo, pero tres décadas después de que Schumacher se uniera a la Scuderia.

Ferrari no ha dejado pasar la efeméride. El equipo luce este fin de semana una decoración especial para conmemorar los 30 años desde la llegada de Schumacher a Maranello, un guiño directo a la memoria del hombre que cambió la historia moderna del equipo. Hamilton conoce bien el peso de ese nombre, y el de ese récord.

“Entrando en este fin de semana, he pensado mucho en la magnitud de la idea de venir a este gran premio”, explicó. Descubrió hace poco que estaba igualado con Schumacher en victorias en Monza. La posibilidad de ir un paso más allá, de ser el primero en ganar aquí con Ferrari y abrir una nueva senda estadística, le deslumbra. “Sería fenomenal”, remarcó.

Hay algo más, y para él no es un detalle menor. “Si lo hiciera, sería el único piloto negro que lo ha logrado para Ferrari en Italia, y posiblemente en la historia también. Muchos de esos pensamientos me han estado rondando la cabeza”. No es solo un triunfo deportivo lo que persigue; es un símbolo.

Un F40, el número 44 y la sensación de destino

Hamilton decidió subrayar esa conexión con la historia de Ferrari incluso antes de subirse al monoplaza. El jueves apareció en el paddock al volante de su nuevo Ferrari F40, impecablemente vestido, recreando casi plano por plano la sesión de fotos de su primera visita a Maranello en enero del año pasado, cuando posó junto a otro F40.

El británico llevaba años soñando con ese modelo. Este año, por fin, se rindió y compró lo que define como “el coche de sus sueños”. No era un F40 cualquiera. Era, según él, un coche que parecía estar esperándole.

Buscó la unidad más auténtica que pudiera encontrar. La historia del vehículo roza lo insólito: su anterior propietario lo compró, lo condujo desde Maranello hasta su casa, a 69 kilómetros, lo aparcó… y nunca más lo arrancó. La puerta del pasajero jamás se había abierto. El coche permaneció cubierto, acumulando polvo y tiempo.

Cuando los mecánicos desmontaron el coche para revisarlo y sacaron el motor, apareció el detalle que terminó de convencer a Hamilton de que no era una simple compra. El propulsor llevaba grabado el número 44, su número de carrera. “No podía creerlo”, relató. Para él, fue la confirmación de que había algo de destino en todo aquello.

Con ese F40, Hamilton quiso rendir tributo a la herencia de Ferrari en su propio territorio. Una escena cargada de simbolismo: el campeón que persigue otro capítulo histórico, llegando al circuito en un icono absoluto de la marca, con su número tatuado en el corazón del coche.

Un fin de semana para marcar una era

En lo deportivo, la ecuación es clara: Ferrari llega con motor nuevo, un chasis que ha dado un paso adelante y un piloto que ya sabe lo que es ganar esta temporada con el Cavallino. Monza, con sus rectas interminables y frenadas brutales, pondrá a prueba esa promesa de velocidad. Al otro lado del garaje, Mercedes y Antonelli vigilan, conscientes de que un triunfo de Hamilton aquí no solo recortaría puntos, también encendería por completo la narrativa del campeonato.

Hamilton, a sus 41 años, se planta en uno de esos fines de semana que pueden redefinir una carrera que ya parece difícil de ampliar en términos de grandeza. Superar a Schumacher en Monza, con Ferrari, ante los tifosi, siendo el primer piloto negro en lograr algo así para la Scuderia en Italia.

No es solo otra victoria lo que está en juego. Es la posibilidad de que, cuando se hable del mito de Ferrari en Monza, el nombre de Hamilton ya no aparezca en un capítulo aparte, sino en el centro mismo de la leyenda.