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Kimi Antonelli logra una remontada histórica en Monza

Kimi Antonelli no solo ganó en casa. Reescribió, a los 20 años, el tipo de carrera con la que sueñan los campeones y que suele quedar reservada para las leyendas. Desde la 19ª posición en la parrilla hasta lo más alto del podio en el Gran Premio de Italia, con los tifosi pasando de la desolación a la euforia en cuestión de vueltas.

Monza, templo de velocidad, se rindió a un piloto que ya se asoma al libro de los récords: está a un paso de convertirse en el campeón más joven de la historia de la Fórmula 1. Y lo hizo con una remontada que quedará grabada en la memoria del circuito.

De la 19ª plaza al liderato en menos de 17 vueltas

La carrera de Antonelli arrancó muy lejos de donde suelen empezar las gestas. Decimonoveno en la parrilla, lastrado por una fuerte penalización en la salida tras el cambio de unidad de potencia decidido por Mercedes. Sobre el papel, era el día para que George Russell recortara puntos en la lucha por el título.

En la pista, fue otra historia.

En menos de 17 vueltas, Antonelli ya estaba al frente del gran premio. Adelantamiento tras adelantamiento, sin concesiones, sin guardarse nada. Para cuando Charles Leclerc se estrelló en la Parabolica al final de la vuelta 2 y la bandera roja congeló el corazón de los tifosi, el italiano ya había escalado hasta la 12ª posición. Y, como él mismo reconocería después, en ese momento empezó a creer de verdad en la victoria.

Cuando la carrera se reanudó, el Mercedes plateado siguió devorando coches. Uno a uno. Hasta dejar solo a Russell por delante.

Duelo interno en Mercedes y tifosi sin Ferrari

Russell había hecho los deberes en la salida. Partía segundo, superó al sorprendente polesitter Pierre Gasly al inicio de la segunda vuelta y se colocó en cabeza justo antes del accidente de Leclerc, que dejó helado a Monza. El monegasco salió por su propio pie del Ferrari, se sentó junto a la pista con gesto roto, mientras las gradas teñidas de rojo se llenaban de lágrimas y silencio.

Sin Ferrari en la pelea por la victoria —con Lewis Hamilton limitado a un sexto puesto en el otro monoplaza de Maranello—, la multitud necesitaba un nuevo héroe local. Lo encontró en Antonelli.

La batalla se trasladó entonces al box de Mercedes. El equipo pidió calma a sus dos pilotos cuando empezaron a intercambiar posiciones en cabeza, con el muro insistiendo en que abrieran hueco sobre Max Verstappen antes de lanzarse a un combate directo. El neerlandés, lejos del dominio de otras épocas, terminó tercero, a distancia de las dos flechas plateadas, seguido por los McLaren de Lando Norris, vigente campeón, y Oscar Piastri.

La jugada estratégica y el último asalto

La carrera se decidió en los detalles. En la vuelta 29, bajo coche de seguridad virtual, Mercedes dividió estrategias. Antonelli fue llamado a boxes, Russell se quedó fuera. El italiano volvió a pista en sexta posición, con neumáticos frescos y una misión clara: cazar de nuevo al líder.

Russell reconoció después que la decisión lo sorprendió: pensaba que ambos se quedarían en pista. El equipo, sin información absoluta en tiempo real, lanzó el dado con sus dos coches. La velocidad de Antonelli se encargó del resto.

Vuelta tras vuelta, el italiano recortó la diferencia. Parecía haber echado por tierra su remontada cuando, en el intento de adelantar a Russell en la vuelta 49, se fue largo y atravesó la grava. Un error que habría destrozado a muchos. No a él. Su ritmo era tan superior que volvió a cerrar la brecha de inmediato.

Una vuelta después, el adelantamiento ya no admitió dudas. Antonelli pasó a Russell con autoridad a tres giros del final y se marchó directo hacia una de las victorias más impactantes que se recuerdan en Monza.

Historia, puntos y un título que se acerca

Cuando cruzó la meta, el grito por radio lo delató: “Oh my God... Se siente como un sueño”. Más tarde, ya con la adrenalina algo más baja, lo resumió con la misma incredulidad: no se lo esperaba, no podía imaginarse allí, pero lo habían logrado. “Increíble, increíble. Estoy tan feliz”, insistió.

No era una victoria cualquiera. Fue su séptimo triunfo de la temporada —y de su joven carrera en Fórmula 1— y amplió su ventaja en el campeonato a 66 puntos sobre Russell. El propio británico lo admitió sin rodeos: el título está en manos de Antonelli y se lo ha ganado. Asumió que remontar esa diferencia será “excepcionalmente complicado” y que, por ahora, solo le queda aceptar la realidad.

La remontada de Monza se convierte, además, en la segunda más lejana desde la parrilla para ganar un gran premio: solo John Watson, saliendo 22º en Long Beach 1983, partió desde más atrás para llevarse una victoria. Y Antonelli rompió otra sequía pesada: es el primer italiano que gana en Monza en 60 años.

Entre las lágrimas por el accidente de Leclerc y el sexto puesto de Hamilton, el público encontró una nueva bandera que agitar. La de un chico de 20 años que, en su segunda temporada en la élite, firma una de las mejores carreras de su vida y avisa: “Lo mejor está por venir”.

Si esto no es aún el techo de Kimi Antonelli, ¿hasta dónde puede llegar este campeonato?