Liam Lawson en Monza: viernes productivo y confianza renovada
Liam Lawson se acomoda en Monza: un viernes “productivo” que invita a más
En el templo de la velocidad, donde los errores se pagan caro y las décimas valen oro, Liam Lawson firmó un viernes que refuerza su candidatura a algo más que un simple papel de sustituto en Red Bull.
El neozelandés abrió su fin de semana del Gran Premio de Italia con un cuarto puesto en la primera sesión de libres (FP1), marcando un 1:23.433 que lo dejó en la parte alta de la tabla y, sobre todo, le dio confianza. En FP2 cayó al 12º lugar con un 1:23.660, pero el dato que realmente importa está en la referencia interna: se quedó a solo 0.283 de Max Verstappen, noveno.
No fue un espejismo de vuelta rápida. Fue un día de trabajo serio.
De Zandvoort a Monza, sin red
Lawson encadena su segundo fin de semana al volante del Red Bull tras ser llamado para sustituir al lesionado Isack Hadjar en Zandvoort, donde ya dejó una tarjeta de presentación notable con un séptimo puesto en carrera. Ese rendimiento le abrió otra puerta: Hadjar no se ha recuperado de su lesión de muñeca y el neozelandés repite en Monza. Yuki Tsunoda, por su parte, ocupa el asiento que Lawson dejó libre en Racing Bulls.
En Italia, la misión es distinta. Menos improvisación, más construcción. Lo dejó claro al bajar del coche: fue un día “productivo” y de “buen aprendizaje”. El plan de Red Bull se notó desde el primer momento.
En FP2, mientras otros buscaban tiempos para la galería, Lawson se dedicó casi por completo a simular carrera. Un corto intento inicial y luego dos tandas largas, una con neumático blando y otra con duro. Sin alardes, sin perseguir el titular fácil del viernes. Kilómetros, datos y sensaciones.
El propio piloto reconoció que en Zandvoort sufrió más en la carrera que en la clasificación. La lectura es clara: entiende que su siguiente salto pasa por gestionar mejor el ritmo largo, el desgaste y la toma de decisiones cuando el coche va lleno de combustible. Monza, con su mezcla de frenadas violentas y rectas interminables, es un laboratorio perfecto para eso.
La ciencia del rebufo
El viernes también dejó al descubierto otro factor clave del fin de semana: el rebufo. En Monza, salir solo puede ser casi una condena. Lawson lo comprobó y no lo escondió. Admitió que será un punto de conversación dentro del equipo de cara a la clasificación.
En un circuito donde una buena aspiración en recta puede regalar varias décimas, Red Bull tendrá que decidir cómo gestionar el tráfico, las referencias y el juego de equipo. ¿Quién tira? ¿Quién se beneficia? ¿Hasta dónde se arriesga en una vuelta que puede definir toda la carrera?
Lawson, que todavía está construyendo su entendimiento del coche, sabe que un buen rebufo puede ser la diferencia entre un Q3 histórico o una tarde a contracorriente. Y se ha ganado el derecho a que el equipo lo tenga en cuenta en esos planes.
Ferrari ilusiona, Mercedes responde
Mientras Lawson hacía su trabajo en segundo plano, el escaparate del viernes se lo repartieron Ferrari y Mercedes. Charles Leclerc encendió a la grada tifosi desde el primer libre con un 1:23.00 que lo dejó al frente de la FP1. En la segunda sesión, el mejor registro fue para George Russell, que paró el crono en 1:22.559.
Son solo entrenamientos, sí. Pero en Monza cada mejor tiempo de Ferrari se celebra como una promesa, y cada respuesta de Mercedes alimenta la sensación de que el domingo puede ofrecer algo más que un trámite.
En medio de esos gigantes, la figura de Lawson crece en silencio. Sin estridencias, sin discursos grandilocuentes, pero con hechos: dos fines de semana seguidos en Red Bull, un séptimo puesto en Zandvoort y un viernes en Monza en el que, con el mismo coche, no se ha quedado lejos de Verstappen.
La clasificación del Gran Premio de Italia se disputará el domingo (2:00, hora de Nueva Zelanda), con la carrera fijada para el lunes (1:00, NZT). Para muchos será otro capítulo del pulso entre Ferrari, Mercedes y Red Bull.
Para Liam Lawson, puede ser algo mucho más trascendente: la oportunidad de convertir un “buen aprendizaje” en un argumento definitivo para su futuro en la parrilla.




