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Liam Lawson y su última oportunidad con Red Bull en Madrid

Seis puntos. Eso es todo, pero para Liam Lawson dicen mucho más de lo que marca la tabla. A sus 24 años, el neozelandés siempre sostuvo que habría terminado asentado en Red Bull si le hubieran dado tiempo. Su crecimiento en Racing Bulls parece darle la razón.

Este fin de semana, con Isack Hadjar todavía fuera de combate, Lawson afronta lo que debería ser su última carrera como sustituto por lesión, justo cuando la Fórmula 1 aterriza en Madrid para un Gran Premio inaugural que abre un nuevo capítulo en la historia del campeonato.

Pase lo que pase, la cita madrileña dejará una marca estadística: Lawson alcanzará las tres carreras oficiales con Red Bull, superando las dos que disputó en 2025. Un detalle menor en apariencia, pero cargado de simbolismo para alguien que vio su oportunidad aparecer y desaparecer a gran velocidad.

Un Red Bull distinto al que dejó

El equipo al que regresa ya no es el mismo. Las figuras clave en su ascenso meteórico y en su posterior caída, Christian Horner y el Dr. Helmut Marko, ya no forman parte de la estructura. El ecosistema ha cambiado, las dinámicas internas también.

Lawson, sin embargo, se niega a vivir anclado en aquel episodio.

«No es algo en lo que piense demasiado», admite. «Fue hace mucho tiempo, muy al principio de mi carrera en Fórmula 1».

Su argumento se apoya en los resultados recientes. «Tuvimos una segunda mitad de la temporada pasada muy fuerte, y este año ha sido muy positivo. La gente lo juzgará como quiera».

No hay rencor en el discurso, sí determinación. «Al final del día, esté en el coche que esté, voy a sacarle el máximo. En los dos últimos fines de semana lo hemos conseguido».

Su futuro más allá de esta temporada sigue sin estar definido, pero Lawson insiste en que sus problemas con Red Bull forman parte del pasado. Lo que le importa ahora es exprimir hasta la última vuelta de este tercer y, probablemente, último escaparate con el equipo grande.

Madrid, un examen nuevo para todos

El contexto no puede ser más exigente: un circuito desconocido para toda la parrilla. La Fórmula 1 abandona, al menos por ahora, la familiaridad de Barcelona y se desplaza más de 500 kilómetros para estrenar un trazado urbano en la capital.

Madrid suma así su nombre a la lista de grandes ciudades que cierran sus calles al tráfico para dejar paso a los monoplazas. El llamado “Madring” se presenta como una mezcla incómoda y excitante: velocidad muy alta, curvas estrechas, muros cerca y un margen de error mínimo. La comparación con el Jeddah Corniche Circuit de Arabia Saudí no es casual.

En este escenario, los 22 pilotos arrancan desde el mismo punto: cero referencias reales, solo simulador y teoría. Tres sesiones de entrenamientos libres para aprenderlo todo antes de una clasificación que arrancará en la madrugada del domingo (hora neozelandesa). Un margen finísimo.

Lawson sabe perfectamente cuál es la prioridad.

«La primera vuelta es construirlo todo, construirlo todo», explica. «Se trata de aprender el circuito».

La imagen que utiliza es clara. «Es casi como estar en Mónaco al principio de un fin de semana, asegurarte de hacer todas las vueltas. Quieres pasar el máximo tiempo posible en pista».

Ahí cambia el enfoque respecto a otros escenarios. «Cuando vamos a circuitos como Monza y otros lugares, hemos estado allí muchas veces, son trazados sencillos. Puedes dedicar más tiempo a tandas largas o a buscar cambios de puesta a punto».

En Madrid, no. «Aquí se trata de hacer vueltas y asegurarte de que, para la clasificación, te has preparado todo lo posible».

Última oportunidad antes del veredicto

El Gran Premio de España arrancará con la primera sesión de libres a las 23:30 del viernes (NZT). Para muchos será solo el inicio de una nueva etapa en el calendario. Para Lawson, puede ser algo mucho más grande: la última oportunidad de convencer a quienes deciden su destino de que esta vez sí merece quedarse.