Lindblad disfruta el ‘dog fight’ en Monza y asegura puntos clave para Racing Bulls
Arvid Lindblad salió de Monza con una sonrisa discreta pero sincera. Octavo, solo, sin rivales a la vista en las últimas vueltas… y, aun así, encantado de haber vivido una carrera que, según él, se pareció más a F2 o F3 que a la F1 habitual.
Monza, convertida en un pelotón de F2
El Gran Premio de Italia volvió a exhibir ese efecto “yo-yo” que se ha visto en algunas citas desde Australia. En Monza, con sus rectas interminables y las zonas de DRS, los pilotos jugaron con la energía y el rebufo como si fueran cartas en una partida de póker. Atacaban, se guardaban batería, devolvían el adelantamiento en la vuelta siguiente. Un tira y afloja constante.
En cabeza, el espectáculo fue intenso: el duelo interno de Mercedes entre George Russell y Andrea Kimi Antonelli marcó el ritmo, con Max Verstappen, Lewis Hamilton y Oscar Piastri metidos en la pelea. Más tarde se sumó Lando Norris para completar un tren de coches de primer nivel, todos midiéndose al límite.
Por momentos, también se colaron en la fiesta Pierre Gasly y Franco Colapinto. En la zona media hubo su propio festival de maniobras, hasta que la bandera roja enfrió la tarde y estiró los huecos en la parte trasera del grupo.
Ahí apareció la otra cara de la carrera: Lindblad, en una octava posición sólida, rodando con un margen cómodo respecto al grupo de Norris y Gasly por delante.
“Un poco de F2, un poco de F3… y mejor así que un tren”
Lindblad no dudó en ponerle etiqueta a lo vivido.
Para él, lo de Monza fue un “dog fight” puro, más propio de categorías inferiores que de una F1 acostumbrada, demasiadas veces, a ir en fila india. No es, admite, la forma ideal de enseñar al mundo cómo deberían ser los adelantamientos en la categoría reina, pero lo prefiere mil veces a un desfile sin sobresaltos.
Lo dejó claro tras la carrera: la F1, tal y como suele verse, tiene “poca lucha” y es “demasiado en fila”. En F2 o F3, en cambio, esa intensidad de adelantamientos y contraataques se mantiene durante toda la prueba. Lo de Monza se acercó a eso, y a Lindblad le gustó lo que vio… y lo que vivió desde el cockpit.
Disfrutó las peleas, disfrutó el cuerpo a cuerpo, disfrutó ese punto de caos controlado que obliga a los pilotos a pensar, defender, atacar y sobrevivir vuelta a vuelta. Para él, de eso va este deporte.
La bandera roja, el bajón y un final en solitario
El corte llegó con la bandera roja. Y ahí se rompió el encanto.
Todos montaron el neumático duro, todos se ordenaron, y la carrera se convirtió en un trámite para muchos. Para Lindblad, en concreto, en una procesión con un vacío de diez segundos por delante y otros diez por detrás. Sin amenazas, sin oportunidades. Solo gestionar, no equivocarse y llevar el coche a meta.
Lo reconoció sin rodeos: se aburrió. Tras el relanzamiento, ya no quedaba apenas margen para la creatividad ni para el riesgo. Era cuestión de sumar, no de brillar.
Pero esos puntos valían oro.
Puntos de peso en la batalla con Alpine
El octavo puesto de Lindblad, acompañado del décimo de Yuki Tsunoda frente al séptimo de Gasly y el noveno de Colapinto, permitió a Racing Bulls mantener una ventaja de siete puntos en la lucha por la quinta plaza del campeonato de constructores frente a Alpine.
No fue un golpe de autoridad. Fue un ejercicio de contención. Alpine tuvo “la sartén por el mango” durante el fin de semana, con un coche claramente más rápido en las rectas de Monza. En un circuito tan particular, Lindblad sabía que el objetivo realista no era ganar, sino limitar daños.
Y eso hicieron.
Tsunoda podría tener problemas si Audi sigue adelante con su apelación, pero, a día de hoy, el balance en Racing Bulls es positivo. Monza era territorio complicado y, pese a ello, salieron con un botín que mantiene vivo su objetivo en el campeonato.
Lindblad lo ve claro: si aquí, en un trazado que no les favorecía, han conseguido aguantar el golpe, en las próximas citas, con un paquete que conocen y en el que confían, la historia debería cambiar. La pregunta es sencilla y directa: si Racing Bulls ya sabe sobrevivir en territorio hostil, ¿qué podrá hacer cuando el calendario le juegue a favor?




