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Monza se rinde a Mercedes: La remontada de Antonelli

Monza amaneció teñida de rojo, pero a media carrera el color dominante era otro. Entre banderas rojas, salidas de pista y cambios constantes en la punta, el Gran Premio de Italia se convirtió en territorio Mercedes, con Kimi Antonelli firmando una remontada furiosa desde el puesto 19 hasta el liderato y Lewis Hamilton lanzado hacia el podio.

El día empezó de la peor manera para los tifosi. Charles Leclerc, el hombre llamado a encender el templo de la velocidad, vio su carrera terminar en apenas unos giros. Perdió el control, se fue largo, voló hacia las barreras de neumáticos y provocó una bandera roja que heló el ambiente en las gradas. Se bajó del coche por su propio pie y parecía estar bien físicamente, pero el golpe emocional en Monza fue brutal.

Un inicio loco: Gasly, Russell, Hamilton y el primer golpe

La primera salida ya había dejado señales de que nada sería normal. Semáforos apagados, Pierre Gasly se estira en la frenada y mantiene la punta en la primera curva, mientras por detrás Hamilton se pasa de largo y pierde tres posiciones. De golpe, el siete veces campeón se encuentra a la defensiva, obligado a rehacer su carrera casi desde el principio.

En la punta, George Russell y Gasly se enzarzan en un duelo inmediato. Russell supera al francés en la vuelta 2, Gasly responde y recupera momentáneamente el liderato, pero el británico vuelve a atacar y esta vez se asienta al frente. Detrás, un invitado habitual aparece en escena: Max Verstappen ya se coloca tercero, oliendo sangre.

Monza vibra, pero no con Ferrari. Para colmo, en la vuelta 4 Hamilton cae hasta la octava posición. Leclerc fuera, Hamilton atrás, el ambiente en las tribunas rojas se apaga. El mensaje es claro: el guion previsto ha volado por los aires.

Bandera roja y segundo arranque: Mercedes despierta

La bandera roja por el accidente de Leclerc congela todo. La FIA anuncia que la carrera se reanudará a las 10:39 a. m. ET. El parón ofrece un respiro, pero también una oportunidad para reorganizar estrategias y nervios.

Cuando las luces se apagan de nuevo, el relato cambia de tono. Russell clava la resalida, Hamilton arranca con rabia y gana varias posiciones de inmediato. En el caos del segundo inicio, Franco Colapinto, con el Alpine, se va largo y cae hasta el 15º puesto. Cada relanzada en Monza es una lotería; esta vez, la combinación ganadora la tienen los Mercedes.

Hamilton se instala en la pelea y empieza a escalar. La primera referencia clara llega cuando ya se encuentra en tercera posición, mientras por detrás Kimi Antonelli, líder del campeonato, enciende su propia tormenta.

La remontada de Antonelli

Lo de Antonelli es otra historia. Salía 19º. Hundido en el pelotón, rodeado de tráfico, sin margen para errores en un circuito que castiga cada centímetro de más. Pero vuelta a vuelta, adelantamiento a adelantamiento, el italiano va abriéndose paso.

Primero entra en los puntos. Luego se asoma al top 10. Más tarde, al top 5. Cuando el reloj y las vueltas empiezan a apretar, Antonelli ya rueda quinto, con un ritmo que no parece de alguien que ha tenido que sortear medio paddock. El líder del campeonato se comporta como tal.

El esfuerzo se transforma en control. Desde el 19º hasta el primero: Antonelli se coloca en cabeza y, una vez allí, no tiembla. Lidera y manda. Monza, que soñaba con un Ferrari, acaba viendo cómo un piloto italiano, pero de Mercedes, se adueña del escenario.

Verstappen golpea, pero no domina

Entre tanto, Verstappen también deja su huella. El neerlandés se abre camino hasta el liderato en un momento clave de la carrera. Su adelantamiento para ponerse primero confirma lo que todos saben: cada vez que huele oportunidad, ataca.

Pero esta vez el relato no se escribe solo a su favor. El protagonismo se reparte. Mercedes responde, Russell aguanta, Hamilton aprieta y Antonelli, desde muy atrás, termina por inclinar la balanza.

Cuando el cronómetro entra en su tramo decisivo, la sensación es clara: “todo le sale a Mercedes en Monza”. Hamilton rueda tercero, Antonelli comanda la prueba y el equipo alemán convierte un domingo que pintaba complicado en una exhibición de gestión, ritmo y nervio competitivo.

Hamilton, de la frustración al podio

El fin de semana de Hamilton había empezado torcido. El sábado, tras la clasificación, el británico no ocultó su descontento. La posición en la parrilla no le hacía justicia ni a su nombre ni a sus expectativas.

En carrera, sin embargo, aparece la versión conocida: agresivo cuando toca, paciente cuando conviene. Tras aquella salida errática y la caída a la octava plaza, se recompone. Aprovecha la resalida, se lanza en los momentos justos y acaba instalado en el podio provisional, tercero, mientras su compañero de equipo y el joven líder del campeonato dominan el foco.

Monza, escenario de algunas de sus tardes más intensas, vuelve a ser testigo de su capacidad para darle la vuelta a un guion adverso.

Monza se rinde a un nuevo orden

Cuando el polvo se asienta, el cuadro es contundente: Mercedes manda, Kimi Antonelli lidera el campeonato y también la carrera tras una remontada descomunal, y Lewis Hamilton vuelve a la zona noble. Ferrari, en cambio, se queda con el silencio de las gradas y el recuerdo de un Leclerc estampado contra las barreras.

El templo de la velocidad no siempre respeta las jerarquías ni las emociones locales. Hoy, entre banderas rojas, resalidas y adelantamientos al límite, Monza ha coronado a un nuevo dueño del momento: un joven italiano vestido de plateado que ha convertido el 19º en la parrilla en un trono inesperado.

La pregunta ya no es qué perdió Ferrari, sino hasta dónde puede llevar Antonelli este impulso en la lucha por el título.