Ferrari enfrenta desafíos en el GP de España con Hamilton y Leclerc
Lewis Hamilton apenas tuvo tiempo de acomodarse en el cockpit del Ferrari en el GP de España antes de que el coche le lanzara el primer aviso serio: el pedal de freno no estaba donde debía. Largo, inconsistente, inquietante. En una pista como Madring, un detalle así no es una molestia; es una amenaza.
Mientras Red Bull discutía por radio con Max Verstappen si debía devolver la posición tras cortar la curva en la primera vuelta para mantener la ventaja sobre el británico, Hamilton lidiaba con un problema mucho más básico: frenar el coche con precisión. Ese contratiempo, unido a la maniobra para devolver la posición a Andrea Kimi Antonelli y al propio Hamilton, alteró durante unos segundos el orden natural del grupo delantero.
Verstappen levantó el pie para ceder las posiciones, pero la oportunidad duró un suspiro. Con el Ferrari número 44 comprometido por los frenos, el neerlandés volvió a adelantar a Hamilton casi de inmediato. En el muro de Ferrari, Frederic Vasseur y sus ingenieros se lanzaron a una carrera contrarreloj digital: intentar arreglar el problema desde la distancia.
Un pedal demasiado largo y cero margen de riesgo
Vasseur lo explicó sin rodeos tras la carrera. Ferrari intentó corregir la anomalía del pedal desde el muro, y durante una vuelta pareció que todo volvía a la normalidad. Falsa alarma. El fallo regresó y el equipo decidió que no merecía la pena tentar a la suerte.
El contexto era demoledor: apenas vuelta 2 en un trazado exigente, 56 giros por delante y un coche con el sistema de frenos fuera de su ventana de confianza. El director francés fue claro: seguir así habría sido “un riesgo loco”. El coche se quedó sin opción, la apuesta se cortó de raíz.
Con el caso Hamilton aparcado, Ferrari giró la vista hacia el otro lado del box. Y allí, Charles Leclerc estaba construyendo una carrera muy distinta, marcada por la paciencia, la gestión y, al final, por un misterio.
Leclerc, largo con el duro y a la espera de un milagro
La aparición temprana del Virtual Safety Car empujó a Ferrari a estirar al máximo el stint de Leclerc con el neumático duro. El monegasco se convirtió en el maratonista del grupo: 49 vueltas con el compuesto más resistente, manteniendo un ritmo sólido y esperando que el destino interviniera.
La apuesta era clara: un coche de seguridad o, mejor aún, una bandera roja que remezclara la carrera y le colocara en posición de pelear por algo grande. Esa ayuda nunca llegó. Leclerc tuvo que pasar por boxes sin red de seguridad y resignarse a una remontada más convencional.
Vasseur defendió la actuación del equipo. El ritmo estaba en el coche el domingo. El problema, insistió, no está en la gestión de carrera, sino en el sábado. Ferrari se ve obligada a arriesgar con estrategias agresivas porque su clasificación no le permite salir donde el potencial del monoplaza sugiere.
El plan, de hecho, estaba muy medido: un coche con neumático blando o medio, otro con duro, cubriendo todo el abanico estratégico. Leclerc lideró el grupo de pilotos que habían optado por el duro y, según Vasseur, con una segunda neutralización fuerte —un nuevo incidente con bandera roja— habría tenido en sus manos la victoria. Con un simple coche de seguridad, el francés ve al monegasco en segunda o tercera posición, no en cuarta.
Para él, el diagnóstico es cristalino: el domingo Ferrari hace lo que debe. Lo que falta es velocidad a una vuelta.
Un final extraño con el blando
Lo más llamativo llegó al final. Leclerc había brillado con el duro, pero cuando montó el blando, el guion no siguió la lógica habitual. Neumático más fresco, compuesto más blando, pista evolucionada… y, sin embargo, el ataque final nunca apareció.
No consiguió acercarse realmente a Lando Norris pese a tener, sobre el papel, la herramienta ideal para lanzarse a por el británico. Por radio, la comunicación con su ingeniero Bryan se redujo al mínimo. El propio Leclerc explicó que en un circuito así prefería no saturarse de mensajes y pidió simplemente claridad sobre a qué objetivo real estaba apuntando en carrera.
El balance que hizo fue curioso: muy buen ritmo con el duro, incapacidad de exprimir el blando por “otras razones” que no quiso detallar. Ahí se abrió el enigma. Preguntado directamente por el problema con el compuesto más blando, Leclerc sonrió y se cerró en banda. No quiso compartir detalles. Solo dejó una pista tranquilizadora: será un asunto resuelto para la próxima carrera.
Su lectura global fue dura con él mismo y con el equipo en un punto muy concreto: la clasificación. Cuando se sale demasiado atrás, el margen de maniobra el domingo se reduce a la mínima expresión. Puedes clavar la estrategia, puedes tener ritmo, pero adelantar en este tipo de trazados es otra historia.
Hamilton no fue un obstáculo
Hubo también una aclaración importante. Desde fuera, se podía pensar que los problemas de frenos de Hamilton en las primeras vueltas habrían podido condicionar a Leclerc, atrapado detrás de un coche herido. El monegasco lo descartó de inmediato.
Según su versión, Hamilton gestionó la situación con rapidez y no le hizo perder tiempo significativo. Con el británico recortando curvas por sus dificultades para frenar, el impacto en la carrera de Leclerc fue mínimo. No hubo bloqueo, no hubo tapón, no hubo excusa.
Ferrari sale de Madring con sensaciones mixtas: un coche capaz de sostener ritmos largos con el duro, una estrategia valiente que rozó el premio gordo… y dos avisos muy claros. Un sistema de frenos que no admite la más mínima desviación, y un sábado que sigue pesando demasiado en las opciones del domingo.
La pregunta es obvia y ya flota en el paddock: ¿podrá Ferrari arreglar la clasificación antes de que se le escape la temporada por la escapatoria de los sábados?




